sábado, 10 de octubre de 2015

De cómo un apacible día sábado se convirtió en una de las 12 pruebas de Asterix, o quizás “robar un banco es delito pero más delito es fundarlo”

Hoy iba a ser un relajado día sábado, que comenzaríamos con las compras de frutas y verduras para la semana. Pero como uno de los pocos lugares en que no se puede pagar con tarjeta aquí es el puesto de frutas y verduras del tío de las ídem (otro día hablaremos de las tarjetas y la automatización de las compras en este rincón del mundo), pasamos antes al cajero automático a sacar efectivo para pagar nuestra saludable compra. Resultó que no pude sacar plata. Como ya he tenido hartos problemas con el banco, la verdad es que no me sorprendí mucho, y como mi cuenta es nueva (nunca había sacado plata del cajero), entonces sólo pensé en cosas más burocráticas que realmente problemáticas, como que tenía que pedir algún tipo de permiso en el banco para usar mi tarjeta. Raro, pero perfectamente posible, considerando los últimos ires y venires con el banco.

Entonces en vez de ir donde el uncle of the vegetables, nos fuimos directo al banco. Aunque es sábado, atienden igual que como si fuera día de semana, sólo que en vez de cerrar a las 6 pm, cierran a las 5 pm (los protestantes y su disposición al trabajo es asombrosa, otro día escribiremos de eso también).

Y ahí volvimos a vivir la locura de entrar al banco y sólo esperar salir vivos de ahí. Podemos hablar maravillas de este país, de sus hermosos paisajes, la simpatía de su gente, pero el banco es como todos los bancos de aquí y la quebrá del ají. Burocracia, poco criterio, estreses y más burocracia y menos criterio. Es sentirse igual a Asterix y Obelix intentando superar una de las 12 pruebas en la Casa de los Locos.
Asterix luchando por la forma A-38
Para ir al banco hay que ir con bastante tiempo y con algo con que entretenerse para las esperas. Como he tenido que ir varias veces, ya sé cómo es más o menos el procedimiento y sólo quiero pasar los obstáculos lo más rápido posible para poder ser atendida por el ejecutivo que sabe y que resuelve.

Se preguntarán ¿por qué he ido tantas veces al banco? De partida, porque para vivir acá una de las tres cosas que se necesita es tener una cuenta de un banco local (las otras son un teléfono y un lugar donde vivir). Sin embargo, pasé 5 meses aquí sin cuenta del banco, pero no porque no quisiera sino que porque no lograba obtenerla. Entonces se preguntarán ¿cómo logré vivir aquí 5 meses sin una cuenta de banco? Podemos dejar esta apasionante pregunta para otra ocasión, pues no va al caso ahora y no quiero perder la atención sobre el tema que nos convoca. Pero lo que sí es que antes de venirnos leímos todos los blogs y foros de chilenos/latinos/españoles viviendo en Escocia, cuáles eran los problemas más frecuentes, los trámites con los que nos íbamos a enfrentar acá. En todos ellos decía que pedir una cuenta de banco era lo más fácil del mundo, y sobre todo cuando eran cuentas de estudiantes, siendo una estudiante, era papita pal loro.

Pero como les dije, mi suerte no fue así. Ahora que ha pasado el tiempo, y me puedo reír de estas desgracias, voy a hablarles de lo absurdo y burocrático del banco y de cómo rayos me tomó 5 meses tener una cuenta. De partida, este banco tiene sólo una sucursal en Edinburgh, lo que devela lo chica que es la ciudad, siendo la capital, y también da cuenta de lo poco capital que es la capital de Escocia. Segundo, para pedir cualquier cosa en el banco hay que tener una cita con un ejecutivo, lo que sumado a que hay una sola sucursal, la hora la podían dar de una semana para la otra, o para la otra-otra, pero nunca jamás para la misma semana y menos aún para el mismo día. Entonces, en ese intertanto había que tener los papeles que pedían, que en realidad era algo bien simple: el pasaporte y algún documento que acreditara que una era una misma y que vivía donde decía que vivía.

Listo, tenía papeles de sobra para demostrar todo aquello. Fui a mi cita con todos esos papeles, sin pensar en que me los fueran a pedir todos, más que nada por si acaso. Resultó que ninguno de mis súper papeles acreditadores de identidad y dirección me sirvió. En ninguno de ellos decía mi nombre tal como dice en el pasaporte (con 2 nombres y 2 apellidos), sino que sólo el primer nombre y el primer apellido. Entonces que no, que cómo aseguraba yo que era la misma persona, que no me los podían aceptar. Yo le decía que sí, que en Chile se usan los 2 apellidos, pero que aquí no, por eso en la carta no me habían puesto los 2 apellidos, pero que en realidad sí soy la misma persona, que comparara el número de identidad, la dirección, los otros datos, etcétera, pero no, no quiso ir más allá.

Mientras tanto para mis adentros pensaba, ¿habrá otra Eileen Karmy?, la verdad es que no creo. Y no es por dármelas de especial ni nada, pero tengo bien claro que mi nombre es bien poco común y la combinación de nombre irlandés y apellido palestino es, por decirlo menos, particular. Esto sumado a mi segundo apellido inglés (que también lo tiene un cantante muy malo y a la vez es el nombre de una ciudad) y mi segundo nombre como el de toda mi generación, la cosa se vuelve bien poco probable. Pero mis pensamientos no sirvieron de nada. No hubo caso y me mandaron a conseguirme otros papeles que sí tuvieran mis dos nombres y mis dos apellidos. Al menos podía volver sin tener que pedir cita previa, un alivio.

Tiempo después, una vez que conseguí una carta de la universidad con mis dos nombres y mis dos apellidos (otro asunto burocrático pero que no voy a entrar detallar porque estamos hablando del banco y no de la universidad), volví al banco feliz y campante. En el camino imaginaba qué haría cuando tuviera mi cuenta (y mi plata), qué me iba a comprar, adónde íbamos a ir a comer para celebrar y otras interrogantes por el estilo. Pero de nuevo me topé con la señorita maquillada que hace de colador en la entrada del banco. Resulta que ahora no le pareció bien la carta de la universidad, porque decía que mis estudios empezaban el 1° de octubre. No sé qué tenía eso de malo, porque dijo algunas razones con su acento incomprensible, y a mitad de frase se fue a preguntarle a un colega. Volvió con el colega, y claro no había ningún problema con la fecha de mi carta, pero sí que era en blanco y negro, ya que parecía que la había impreso yo misma en mi casa. Y claro, así había sido (pero esto no se los dije) porque por algún motivo la universidad no entrega cartas físicas, sino que las hace en digital y uno mismo las tiene que imprimir. Por muy marginal que se viera, así en blanco y negro y sin timbre, era la carta oficial de la universidad, tenía firma digital, sello de agua, teléfonos, códigos de esto y lo otro. Además, por mucho que lo pensé durante los meses de espera, jamás me atrevería a chanfletear una carta aquí, me aterroriza aparecer en “Presos en el extranjero”.

Pero empezaron otra vez, que vuelva otro día con la carta, así que con mi mejor inglés posible les dije que venía de la universidad y que esa carta me la habían pasado ahí. En realidad no les dije nada de eso, pero cuando me preguntaron si me la habían pasado impresa en la universidad, les dije que sí. No es que sea mentirosa, pero es que explicar lo otro era mucho más enredado. Además, me servía para aumentar su sensibilidad hacerles ver que venía de Glasgow (otra ciudad, a una hora de aquí) especialmente a traer esa carta, entonces que no me la aceptaran era el colmo de lo malas personas. Y agregué que traía exactamente lo que me habían pedido la última vez, que ya había ido no sé cuántas veces y que yo necesitaba que me abrieran la cuenta así que no me iba a ninguna parte hasta que me atendiera un ejecutivo (la cosa era pasar esta barrera).

"Bueno", dijo en inglés el colega de alma compasiva, “voy a preguntar”, y se fue con mis papeles. Volvió al rato y obviamente le dijeron que sí. Tenía que esperar (de nuevo que una hora, o si prefiere vuelva el lunes), no, espero aquí mismo. No vuelvo a pasar por el coladero de la maquillada de la entrada, no, nunca más. Esta vez terminó todo bien, me dieron mi cuenta, y en dos o tres días más llegaría la tarjeta a mi casa.

Pasaron tres, cuatro, cinco días y llegaban varias cartas del banco con claves y otras informaciones, pero la tarjeta no llegaba nada. Después de una semana llamé por teléfono. Que sí, figura como despachada, tiene que haber llegado. Pues no, que no ha llegado. Que revise bien. La cosa es que se perdió en el camino y no llegó nunca. Entonces hubo que bloquearla y mandar a pedir una nueva. De nuevo la espera.

Hasta que llegó la famosa tarjeta pero no la podía usar porque todos los pin y claves que me habían mandado por correo estaban asociados a la otra tarjeta, la que se perdió. ¡Tenía que ir de nuevo al banco!

Ya ni me acuerdo qué fue lo que pasó, pero lo bueno es que esta vez resultó todo bien, sobre todo porque el que me atendió era un simpático, cachaba todo el mote y además se parecía a mi querido primo Roberto, pero rubio y en versión escocesa, por eso le puse Robert.

Bueno, ya estaba todo bien, y yo me creía la muerte con mi tarjeta que hasta pagaba un chocolatito de 1 pound con tarjeta, hasta que pasó lo de hoy. De vuelta al banco, un día sábado, que aunque trabajen igual, son menos personas las que atienden y más las que quieren ser atendidas, entonces andan más estresados de lo normal. De nuevo la señorita maquillada de la entrada. Me dio unas explicaciones que no tenían nada que ver con el problema, que fuera a la máquina de allá a imprimir el balance de mi cuenta, listo, llegué con el papel en la mano, que ya. Pero ¿cómo? No sé si ella no me entendía cuál era el problema, o si realmente sabía menos que yo del funcionamiento del banco. Me mandó a ponerme en la cola para que me atendiera otra gente, que ciertamente se veía más competente, al final de cuentas tampoco tenían idea de cuál era el problema. En resumen, para que se hagan una idea de mi angustia, no podía sacar plata, porque el balance de mi cuenta empezaba con un signo - y figuraba una deuda de casi mil libras (para los que no sepan la libra equivale a mil pesos chilenos, o sea, me faltaba más de 1 millón de piticlines).

Se me vinieron todos los miedos juntos, ¿me habrán clonado la tarjeta?, ¿me robaron la plata cuando pagué por internet?, ¿de dónde voy a sacar plata para pagar esa deuda?, ¿cómo les explico que en realidad yo no he gastado esa plata? ¡Me van a deportar! Ay ay ay, mamita. Todo eso, pero en inglés. Mientras el tipo que me decía que vuelva el lunes, que en realidad figura un sobregiro y que no me preocupe porque si puedo demostrar que yo no gasté esa plata va a estar todo bien. No voy a negar que se me escaparon unos lagrimones fuera de mi voluntad. El tipo estaba rojo, no sé si de incomodidad por tener a una persona que no conocía al borde del llanto (los gringos son bien especiales con eso de las confianzas) o de no saber cómo rayos resolver el problema. Hasta que me entendió y además de pedirme disculpas por haber malentendido mi pregunta, me mandó donde el ejecutivo que, a estas alturas, es mi héroe, el Robert.

Cuando me vio me dijo “Oh, otra vez tú” (pero en inglés) y le expliqué todo el asunto. Lo resolvió en un santiamén y me dijo que me quedara tranquila, que había sido un error muy excepcional (o sea, mala cuea) y me hizo recordar el poema de Redolés de los vivarachos.

Igual que Asterix y Obelix, superé esta prueba. Fueron terribles los vuelva el lunes, los sube y baja de las escaleras, la llevadera de cartas y papeles, y sobre todo pasar la barrera de la señorita maquillada de la entrada. Pero bueno, si de algo sirve todo esto, puedo decir que no sólo aumenté mi capacidad de aguante y de paciencia, sino que también aprendí palabras nuevas como overdrawn (que a usted nunca le pase), que el Robert en realidad se llama Stuart y que, igual que en todo el resto del mundo, todo depende de quién te atienda en el banco para saber si vas a salir triunfante o no de ahí.

El banco, la señorita de la entrada con su tablet para anotar
los nombres para las citas, y afuera las protestas. 
Y antes de terminar quiero contar que durante toda mi estadía de hoy en el banco, en la puerta estaban los militantes palestinos protestando porque este banco invierte en una empresa que produce un sistema de guía laser que usa Israel para lanzar bombas en Gaza. Y yo en vez de estar protestando afuera estaba adentro intentando resolver problemas burocráticos en vez de resolver problemas de verdad. Me sentí muy mal, especialmente al saber que tengo mis morlacos en un banco enemigo al que debería boicotear. Pero además de no haber sabido esto antes de pedir una cuenta aquí, parafraseo a Brecht y me pregunto, ¿qué banco no es enemigo?, ¿hay alguno al que no habría que boicotear?

Por si no han visto las 12 Pruebas de Asterix, acá de muestra un botón: 


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