En este
lugar del mundo no sólo los autos transitan por la izquierda, sino que también los
caminantes tienen que ir por la izquierda en los pasillos estrechos y mantenerse
a la izquierda en las escaleras. Pero también sucede que en este pequeño país llamado
Escocia –a diferencia de sus vecinos y conquistadores– hay una importante vocación
y afiebramiento político. No es que todo mortal que ande por la calle camine con
kilt, pancarta y megáfono, sino que los que son de izquierda no pasan nada de piola.
Es a la vez fascinante y conflictuante, por varias cosas que intentaré explicar
en este escrito.
El que los
izquierdosos se noten es tanto porque se hacen notar, como porque todos los demás
han entrado en el canon despolitizador/depolitizante/a-político, no sé bien
cómo decirlo. Medios dormidos, medios cómodos, medios haciéndose los lesos, con
la justificación de que lo “educado” y “políticamente correcto” (o polite, como dicen por acá) es no expresar
(que es como no tener) opinión política. Entonces, pasa que para la marcha del Primero
de mayo llegan solamente los más afiebrados, que caminando todos juntos no
alcanzan a llenar dos cuadras entre pancartas y tambores.
Pero
viéndolo por el lado amable, es fabuloso que dentro de todo este
adormecimiento, haya personas (y no pocas) que digan las cosas como son y al
pan-pan vino-vino. Bueno, resulta que por esas cosas de la vida (que no es para
nada casualidad) estudio con unos de los profesores más afiebrados de la
Universidad. Tanto así que hay gente que le tiene miedo, o le tiene mala, o no
sé qué le tiene, y lo acusan de marxista. Como si eso fuera algo malo, algo
acusable, en vez de aplaudible, digo yo. Más allá de las discrepancias políticas
que usted lector pueda tener conmigo o con mi profesor, me parece aplaudible que
él se presente como tal, porque así una sabe a qué atenerse y con qué podrá encontrarse,
cosa que no pasa con todos aquellos que no se definen públicamente como ninguna
cosa, escondiendo su vocación capitalista y neoliberal en el acostumbramiento y
las buenas costumbres.
Bueno, como
soy su alumna, me recomendó ir a algunos cursos que hace él y otros que no
hace, pero que están a su cargo. Uno de esos cursos se llama algo así como
Política en la Música Popular y es para alumnos de pregrado y postgrado al
mismo tiempo. Todos juntos, como dice la canción. Tampoco es que seamos tantos
los de postgrado, somos sólo dos, mi amigo catalán y yo. Todos los demás son “gringos”,
escoceses, ingleses y estadounidenses. Hoy tuve la primera clase, que era sobre
Canción Protesta y Movimientos Sociales, que la hizo el encargado de un archivo
de Canción Protesta que tiene la Universidad.
Pasaron varias
cosas que me llamaron la atención, y que por eso estoy escribiendo este post. Una, es que además de que la clase era muy entretenida, me llamó la atención el
simple hecho de que hubiera un curso como este. Yo nunca había tenido un curso
así, pero sabía mucho más de música y política que el resto de los compañeritos
(en el sentido de compañero de curso, no en el otro sentido) que estaban sentados
alrededor. No es que yo sea una sabionda, ni que me las quiera dar, pero el solo hecho de venir de dónde vengo y de haber escuchado desde chiquitita la
música aquella, me ponía en un lugar radicalmente distinto al resto de los
chicos –excepto del compañero catalán (ahí sí en ese sentido).
Resalto la
presencia de nosotros, los únicos dos no-gringos, por un asunto bien particular.
El hombre hizo la clase con ejemplos anglos, como casi todo en estos lares,
haciendo énfasis en las canciones protestas de los escoceses, irlandeses, pero
también de los estadounidenses y australianos. Habló también de los himnos
locales, como los del mismo Reino Unido, de canciones tradicionales que se han reversionado
en el tiempo, incluso para el Referéndum del 2014. Pero en un momento pasó a
hablar de las canciones escocesas que han protestado por cosas que han ocurrido
más allá (abroad, como le dicen ellos),
y ahí los ejemplos fueron “Jarama Valley” en homenaje a los que pelearon en la Guerra
Civil Española, y “Blood Upon the Grass” en homenaje a Víctor Jara y otros chilenos
torturados durante la dictadura de ya sabemos quién. No era nada muy especial, de
hecho el profe ni sabía que nosotros estábamos ahí, o sea, nos veía, pero no
sabía que éramos de donde somos. Pero encontré que fue potente eso. Al escuchar
la canción se me anduvieron parando los pelos, mientras me parecía que los
cabros estaban sentados ahí impávidos, como si nada.
Entre paréntesis,
les cuento sobre “Blood Upon the Grass”. La compuso Adam McNaughtan (con ese
apellido no cabe duda que es escocés) en protesta a la selección de futbol
escocesa que decidió ir a jugar a Chilito en 1977 –en plena
dictadura, ya sabemos– en el mismísimo Estadio Nacional, donde también sabemos
lo que estaba pasando detrás de las graderías. Bueno, por si alguien no lo
sabe, o se le olvidó, le recomiendo echarle una miradita a esta página. Esta canción habla de todo aquello, del Golpe de Estado, de los desaparecidos,
del asesinato de Víctor Jara, y denuncia al equipo escocés por haber jugado en
ese estadio manchado de sangre. A este partido lo conocen aquí como el partido
de la vergüenza, Match of Shame.
Muchas emociones
y preguntas me surgieron en ese momento, como por ejemplo, por qué el rumor de
que a Víctor Jara le cortaron las manos, como si su asesinato no hubiera sido un
suficiente acto de terror. También la confusión del Estadio Chile con el
Estadio Nacional, porque ciertamente Víctor Jara no estaba en el mismo estadio
donde se jugó ese partido, pero eso no le quita valor ni dolor a lo sucedido.
Pero bueno,
volviendo al relato, luego de eso, el profe siguió mostrando canciones
protestas de todos los tiempos. Preguntaba si conocían tal o cual canción, y algunas
sí y otras no. Cuando no las conocían, él pedía disculpas porque había escogido
puras setenteras, porque eran las de “su época”. Y yo pensaba para mis
adentros, que esas también eran las que me gustan a mí, más o menos por lo
mismo, pero claro, yo no soy de esa época exactamente.
Los
estudiantes conocían “Blowin’ in the wind”, algo les sonaban Los Sex
Pistols y hasta conocían “We shall overcame”. Pero quedé impactada cuando les
habló de “La (famosísima) Internacional” y ninguno de los que estaba ahí
sentado la conocía. No sólo no la conocían sino que no tenían idea de su
existencia. Fue tanto, que el profe les preguntó varias veces, incrédulo, pero
no, no la conocían. Así que le puso play
para que la escucharan. No es que yo haya querido pararme con el puño en
alto, pero sé qué canción es, cómo suena, de dónde viene y que es un himno conocido
internacionalmente, que se canta en distintos idiomas. Realmente me impactó, y
pensé “estos cabros no cachan nada”, pero luego recapacité y vi que son harto
más chicos que yo (son de pregrado, a lo más deben tener 20 años) y que
crecieron en este país, en este reino-imperio británico (y algunos en USA, que
es más o menos parecido) donde el neoliberalismo del post-tatcherismo realmente
causó estragos en las generaciones jóvenes.
Es como que
a un chileno no le suene siquiera “El pueblo unido jamás será vencido”. ¿Hay alguien que no le suene?, ¿los
jóvenes universitarios de ahora la conocerán? ¿Y “La Internacional”?
Pero aunque
los de acá estén medios adormecidos en el mundo que les tocó nacer, gracias al
compromiso izquierdoso y al afiebramiento de algunos (como mi profe y el profe
que hizo la clase de hoy) al menos hoy aprendieron algo nuevo. Bueno, no tan
nuevo en realidad, pero lo aprendieron.
Bueno, todos
aprendimos algo. Yo también. Y creo que esa es justamente una de las mayores
gracias de haberme venido a estrujar el mate por estos lares. No siempre una
está de acuerdo con todo, pero es sabroso lograr entender las diferencias y
desacuerdos, pudiendo conocer los dos lugares, tan diferentes, e ir difuminando los límites
de los conceptos de popular/folk/world music que bien poco coindicen
con nuestras realidades latinoamericanas.
Y creo también que, gracias a este compromiso –especialmente de los más afiebrados, que transmiten conocimiento, comparten información y difunden las cosas importantes– es que el mundo puede ir cambiando, para que sea un poco mejor.
Y creo también que, gracias a este compromiso –especialmente de los más afiebrados, que transmiten conocimiento, comparten información y difunden las cosas importantes– es que el mundo puede ir cambiando, para que sea un poco mejor.
Bueno,
antes de seguir yéndome en la volá', les dejo la canción escocesa y la letra de su versión original, para que practiquen en el karaoke del domingo.
Blood Upon the Grass
September the eleventh
In Nineteen seventy-three
Scores of people perished
In a vile machine-gun spree
Santiago stadium
Became a place to kill
But a Scottish football team
Will grace it with their skill
And there's blood upon the grass
And there's blood upon the grass
Will you go there, Alan Rough
Will you play there, Tom Forsyth
Where so many folk met early
The Grim Reaper with his scythe
These people weren't terrorists
They weren't Party hacks
But some were maybe goalkeepers
And some were centre backs
And there's blood upon the grass
And there's blood upon the grass
Victor Jara played guitar
As he was led into the ground
Then they broke all of his fingers
So his strings no more could sound
Still he kept on singing
Songs of freedom, songs of peace
And though they gunned him down
His message doesn't cease
And there's blood upon the grass
And there's blood upon the grass
Will you go there, Archie Gemmill
Will you play there, Andy Gray
Will it trouble you to hear the voice
Of Victor Jara say
Somos cinco mil -
We are five thousand in this place
And Scottish football helps to hide
The Junta's dark disgrace
And there's blood upon the grass
And there's blood upon the grass
Do you stand upon the terracing
At Ibrox or Parkhead
Do you cheer the Saints in black and white
The Dons in flaming red
All those who died in Chile
Were people of your kind
Let's tell the football bosses
That it's time they changed their mind
Before there's blood upon their hands


1 comentario :
Bellísima la canción. Solo sabía de Escocia las faldas y la gaitas. Pero este Manténgase a la izquierda es como un abrir las puertas de Escocia y conocer como apoyaron a Chile del fascismo y nunca vi un póster como el del partido de futbol, es de una profundidad y creatividad única. Gracias Eileen por tus observaciones tan acertadas. Es para hacer otro viaje menos turístico y más de fondo...}
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