domingo, 24 de enero de 2016

Un viaje intenso

Después de un poco menos de un año viviendo en Edimburgo, viajamos a Chile. Fuimos de sorpresa y eso le dio el vértigo de asustar a los seres queridos entrando de pronto por la puerta de sus casas cuando te imaginaban a 11 mil kilómetros de distancia. Por supuesto nos encargamos no solo de llegar sin avisar sino previamente mandar mensajes distractores haciendo como que estábamos en Edimburgo.

Me intrigaba saber cómo iba a ser este viaje. Tenía el presentimiento de que no iba a añorar la patria ni iba a querer quedarme pero hasta ese momento todo era teoría y muchas veces cuando uno vive las cosas, todo es muy distinto de como se lo imaginó. En este caso no. Todo fue más o menos como me lo imaginé. Sé que decir esto suena muy aburrido, pero en ralidad no lo es.

Por supuesto que tenía ganas de ver a mis amigos, a las personas que quiero. Pero no era una cosa terrible ni sufrida. Tampoco llevamos 10 años fuera y eso ciertamente hace que las cosas no sean tan brígidas pero aún así. He sabido de personas que al irse a otro lugar comienzan a extrañar tanto pero tanto que terminan devolviéndose antes de tiempo. De hecho nuestra amiga Natália nos contó una historia así, de una pareja de amigos de su hermana que vivian acá en Glasgow, se habían ganado una beca y todo bien pero comenzaron a extrañar demasiado su país, y paralelamente a odiar en extremo a Escocia, los escoceses y todo lo que estar lejos de tus lares conlleva.

Nuestro viaje a Chile podria ser explicado muy sencillamente: fue intenso. Así fueron las cosas. Todo intenso. El viaje larguísimo y agotador, las sorpresas a nuestras familias, lagrimones de por medio de la parentela impactada de ver a estos ridículos que se fueron a meter allá sin decirle nada a nadie (Salvo al cuñao y la concuñada que actuaron de cómplices y nos recibieron en su depto cariñosamente), y luego de instalados, como uno tiende a pecar de exceso de entusiasmo e hiperactividad, empezamos a concretar la lista enorme de cosas que habiamos planeado hacer. De ellas no hicimos todo, pero casi.

Una de las cosas más bakanes es que hace algún tiempo veniamos moldeando la idea de hacer un documental sobre Los Cumaná. Para los que no han tenido el placer, ésta es una banda de música tropical de la región de Coquimbo, que fueron muy connotados por allá por fines de los 60 y comienzos del 70. Como siempre, teniamos puras buenas intenciones y ni un peso para llevar a cabo el asunto. Habiamos postulado a unos Fondos para que nos financiaran el proyecto pero los resultados no salían aún. En el entusiasmo, calculando que iríamos tres semanas a Chile, decidimos lanzarnos a grabar, sin tener certeza de si el proyecto saldría. Para intentar ahorrar tiempo, compramos pasajes de avión, lo que nos permitiría aprovechar al máximo los días en Serena y Coquimbo, entrevistando a los músicos y a un par de radiodifusores y técnicos que conocen todas las papitas de esos años. Pero tuvimos tan mala suerte que a último momento nuestro vuelo se canceló porque los operadores aeronáuticos se fueron a huelga.

Con el alojamiento reservado, los entrevistados confirmados y hasta una sala con piano que habíamos conseguido para filmar, dijimos: bueno, hay que ir igual, como sea. Intentamos comprar pasajes de bus por internet con una empresa pero falló (Jamás compren por internet en buses Romani) Después, con el dolor de nuestro corazón tuvimos que comprar pasajes en Turbus, empresa que despreciamos. Llegamos al terminal y al querer subir al bus nos dimos cuenta que yo había perdido uno de los pasajes. El señor del bus, intransigente, no nos quería dejar subir. Le mostrábamos el comprobante de compra que decía que habiamos pagado los dos pasajes pero el hombre que no, que no se puede, que el bus se va y soluciónelo usted mismo. Finalmente, una de las señoras que atendía en las oficinas de la empresa nos consiguió un puto timbre y una firma para que el señor nos aceptara. Subimos por fin al bus y respiramos aliviados. Partimos nuestro viaje rumbo a los nortes y un par de horas después la Eileen se mete a internet desde su teléfono y nos enteramos de que habíamos ganado el financiamiento para el documental.
Anochecer en Serena
Yo no sé si diosito se apiadó de nuestras desgracias y nos ayudó, pero la cosa se sintió como un premio al esfuerzo. Quedamos mega felices y llegamos pletóricos de entusiasmo. Allá nos encontramos con Sebastián, que es nuestro amigo serenense y compinche en nuestras aventuras norteñas y entre los tres hicimos todo lo necesario: 8 largas entrevistas en 3 días y medio, además de tomas de la ciudad y escaneos de las fotos y materiales que los mismos músicos nos pasaron. Cuando abrimos el scanner que llevábamos desde Santiago, encontramos el maldito pasaje perdido, porque cuando la Eileen dijo: prueba el scanner antes de irnos, al pajarón no se le ocurrió nada mejor que probarlo con uno de los pasajes y dejarlo ahi.
El maldito pasaje escaneado
Una noche, cuando volviamos de la intensa jornada de grabaciones, nos enteramos de la muerte de Vittorio Cintolesi. Vittorio era un gran músico y una persona hermosa. Lo conocí cuando escribí sobre su trabajo de música para teatro hace un par de años. Pese a que nos vimos pocas veces, generamos un vínculo muy potente. Es difícil explicar con palabras cómo era Vittorio. A mi me llamaba la atención su estilo multifacético. Partió haciendo música para teatro en los 60, pero también componía canciones para los cantantes famosos de la época como Los Ramblers, Cecilia y muchos otros. Probablemente la mayoría de los que leen estas palabras han escuchado alguna vez esa canción que dice “eres exquisita como un gran asado con papitas fritas”. Bueno, esa era de Vittorio, la más exitosa que compuso y cuyos derechos de autor le permitían embarcarse en otros proyectos menos rentables pero no menos sabrosos. Lo conocí a través de mi amigo José Manuel y comencé a ir a su casa, a entrevistarlo, a conocerlo. Es intenso conversar con alguien que tiene una experiencia de vida tan enorme. Vittorio era un tipo culto y muy lúcido, de esa gente que da gusto escuchar, de esos a los que no se puede ir a ver de pasada porque hay que quedarse a conversar. Él hablaba de todo, pasaba por los temas más diversos. Con Eileen siempre nos causó gracia su sitio web, que era tal como él, un caos donde había de todo, desde sus novelas, su música para teatro, las canciones que escribió para Pin-Pon, sus hits radiales, y de paso también su trabajo como arquitecto, la música de su hijo y ofrecía en arriendo su casa en Chiloé.

Nos pilló muy de sorpresa su partida. No sabíamos que estaba enfermo. Parece que no le dijo a nadie. Teníamos la intención de ir a visitarlo cuando volviéramos a Santiago. De hecho Eileen quería entrevistarlo y yo le había anotado su teléfono para que se coordinaran. Me quedé con ganas de conocerlo más, de compartir más.
Con Vittorio
Es curioso cómo operan los afectos. Hay personas que he visto en muy pocas ocasiones, que podría contar con los dedos de las manos, y sin embargo siento por ellas un cariño mucho más grande que por gente supuestamente cercana o a quienes conozco de hace muchos años. Con Vittorio es algo así.

Era un viejo sabio. Escribía canciones religiosas, de gusto de los católicos, pero éstos se espantaban de que escribiera canciones como “Eres exquisita” así tan mundanas. Los comunistas también se espantaban por motivos similares. Él se reía de estos prejuicios. Se burlaba de esos viejos que no lograban ver el valor de eso que él veia tan claro. “Porque hay que saber hacer una canción popular” decía, “no es llegar y hacer una canción popular, que le guste a la gente”

Estaba contento, con ganas de hacer proyectos. Tenía todo listo para publicar un libro de partituras. Seguramente saldrá pronto a la venta pero ya no estará él para presentarlas, para celebrar. Nos quedamos con gusto a poco. Y pensar que hay tanta gente que es una basura y siguen ahi de lo más vivos, consumiendo oxigeno, contaminándolo todo.

Es paradójico que por esos mismos días nació la Alicia, mi sobrina, hija de mi prima Araceli. La verdad es que, tal como decía antes, las cercanías y las lejanías no son muy medibles ni comparables. Yo ya tengo varios sobrinos, hijos de mis primos, y con algunos hay más cercanías que con otros. Pero la Araceli para mí es muy cercana por varias razones entonces la llegada de su hija está llena de alegría y de mucho significado. Es la primera sobrina por mi lado materno y mi prima me contó de su embarazo antes que a todos los demás así que ¿cómo uno no se va a poner contento y orgulloso de eso? Le llevábamos desde Edimburgo unos regalitos sencillos pero cariñosos sin saber que iba a nacer justo cuando anduviéramos por allá. Lamentablemente no alcanzamos a verla en vivo porque estuvo en incubadora pero aún así su nacimiento fue algo muy potente. Yo creo que las familias se van modificando. Cuando murió mi abuelo las cosas cambiaron, como es lógico. No sé bien explicar cómo, pero cambiaron. Y así mismo la llegada de la Alicia es también un cambio, el comienzo de una etapa nueva. Por ejemplo, mi abuela ahora es bisabuela por primera vez. Cuando le pregunté cómo se sentía al respecto, ella con su choreamiento característico me dijo: más vieja me siento.

Con todo este revoltijo de sentimientos, volvimos a Edimburgo, después de tres semanas que fueron más que suficientes. Ya extrañaba nuestra casa, la ciudad, el frío invernal y el aire sin tanta contaminación. Si hay algo que saco en limpio de este viaje, es que mi casa está en Edimburgo, no en Chile. No porque sea un fan de Europa y su supuesto glamour ni desprecie a Chile, sino porque aquí es donde tenemos nuestro hogar. Aquí es donde estamos construyendo nuestra vida. Chile es sin duda un lugar donde hemos vivido la mayor parte de nuestras vidas, donde están puestos muchos de nuestros afectos, pero como bien dijo la Eileen Karmy, también tenemos afectos en Edimburgo, amigos a los que extrañamos cuando nos fuimos de viaje. Y también tenemos amigos en otros lugares del mundo.

Ante estas cosas tan rudas, como lo de Vittorio, me gustaría tener palabras elocuentes, reflexiones sesudas y potentes sobre la vida, la muerte y todas esas cosas. La verdad es que solo tengo emociones y sensaciones poco claras y una profunda pena para ofrecer. De entre todo ese revoltijo solo distingo la sensación de que las cosas tienen que ser intensas y ahora mismo. No sirve de nada esperar que pase el tiempo, “estar viendo que hacer” como dicen algunos, ni tampoco hablar mucho pero hacer poco. Hay que hacer, y hacer ahora. Eso no significa convertirse en esos hippies que no les importa el futuro y solo viven el presente locamente, sino algo más profundo y más sencillo. Así como Vittorio vivió con una intensidad inusitada y hasta los últimos días de sus 80 años de paso por este planeta estuvo con ganas, con entusiasmo, haciendo, creando, así creo que deberían ser las cosas. Espero que mi vida tenga algo de esa fuerza. 

A modo de fin, les dejo esta, mi favorita de Vittorio: Ven a vivir al mar :)


1 comentario :

Anónimo dijo...

Que bello blogg yo no puedo dejar de emocionarme con las reflexiones aproposito de la partida de don Vitorio es que cuando parte alguien tan valioso da mucha rabia por esas escorias de seres que viven tan gratuitamente.un abrazo hijo querido

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