Son muchas cosas sobre las que
quisiera escribir, pero aprovechando la efeméride del día internacional de
los trabajadores, ese será el tema de este escrito.
Vivir esta fecha en un país como Escocia es bastante raro. Sobre todo habiendo pasado casi todos los otros primeros de mayo en Chile. No es que Chile sea gran cosa ni que la revolución esté a la vuelta de la esquina, pero creo que en temas de marchas y reivindicaciones populares no tiene nada que envidiarle a ningún otro país. Tampoco es que yo me lo pasara en marchas y protestas, pero al menos iba a una cada cierto tiempo. Acá la cosa es bien diferente, y es algo que echo de menos de Chilito.
El primero de mayo es una fecha bien
especial, porque no sólo se conmemora a los trabajadores del mundo, cosa que de
una y otra manera nos toca a todos, o al menos a todos los que trabajamos. Sino
que también, por ser una fecha histórica con un carácter internacional, una
cree que es algo que ocurre igual en todo el mundo. Aunque todo el mundo es mucho
decir, porque el mundo es grande, bien diverso y cambiante, pero al menos una
creería que como la conmemoración se debe a una masacre a un grupo de
trabajadores estadounidenses, debiera ser cosa conocida en el mundo anglosajón.
Pero fíjense que no.
Resulta que el año pasado fue nuestro
primer Primero de Mayo en tierras anglosajonas, en Edimburgo específicamente.
Estábamos recién llegados, no conocíamos mucho cómo era la vida acá, ni tampoco
cómo eran las manifestaciones y reivindicaciones populares, ni tampoco frente a
qué cosas se hacían marchas o protestas, y a cuáles no. Nuestro primer
encuentro con el Primero de Mayo fue bien particular.
Lo primero fue enterarnos que aquí en
vez de Workers’ Day, que sería la traducción literal al Día de los
Trabajadores, se llama May Day (día de mayo), y que en vez de ser feriado el
primero de mayo (que en esa ocasión caía viernes), era feriado el lunes
siguiente, que era 4. No había marcha oficial citada por nadie para el mismo
primero, sino que una para el día 2, que era sábado. Además esa marcha no
estaba muy bien anunciada, nos enteramos solamente porque una amiga chilena que
veníamos recién conociendo, nos invitó. Bueno, también puede ser que porque no
conocíamos las redes por donde informarnos de estas cosas. En esta ciudad no se
pegan carteles en las paredes, ni anuncios de casi ninguna cosa en la vía pública,
así que son otras las redes por donde hay que enterarse de estas cosas.
Pero sí nos encontramos con un afiche
bien particular, pegado marginalmente en pleno North Brigde, que invitaba a una
manifestación por el Día de los Trabajadores en el centro histórico de la
ciudad para el mismo primero de mayo. Y entre nuestro entusiasmo por querer
participar en alguna manifestación, y también por querer conocer más sobre esta
ciudad y su cultura, nos dejamos caer en la manifestación congregada por un
grupo de anarquistas ebimburgueses.
Estaba muy bien pensado porque era
realmente en pleno centro, que además como era fin de semana largo (recuerden
que era feriado el lunes) estaba lleno de turistas también. Sin embargo la
manifestación era bien particular. Nosotros quedamos impactados, y aunque ya haya
pasado un año, quiero compartir esto con ustedes, queridos lectores.
La cosa consistía en repartir
volantes informativos acerca de qué es lo que se conmemoraba el primero de mayo:
el día internacional de los trabajadores. Entregaban los volantes y hablaban
con quienes los recibían, instruyéndolos acerca de porqué este día se
conmemoraba a los trabajadores y no otra cosa. Recuerdo haber visto a uno de
los anarquistas contándole a una familia de turistas de Estados Unidos, que
paseaban lo más campantes por Edimburgo, sin tener idea por qué rayos era feriado.
No sé quién se impactó más, si ellos al enterarse de los hechos, o yo al darme
cuenta que ellos –y muchos otros– no tenían idea.
Pero de lo que sí tenían idea los
turistas era la fiesta de Beltane, que es una conmemoración de origen gaélica
que celebra la llegada del verano. En Edimburgo la celebran con una recreación con
danzas y fuego en un cerro-parque público, el Calton Hill, a la que hay que pagar
entrada y realmente se requetellena. No he ido a esa fiesta porque el que sea
pagada me quita altiro las ganas de ir, sobre todo porque cuando estas cosas se
hacen turísticas, se me viene a la cabeza el concepto de autenticidad y todo se
me va a las pailas. Bueno, por ahora, no haré más comentarios sobre ello para no
salirme del tema que nos convoca.
Pero sí quiero decir que esta fiesta ancestral
coincide con la celebración del Día de los Trabajadores, y aquí se han
aprovechado de esta coincidencia para despolitizar el Primero de Mayo. Hay varias
hipótesis rondando, unos que defienden el sincretismo, otros que critican que
estas celebraciones coincidan y así. No voy a ahondar en ello, porque no es de
eso que quiero hablar, y tampoco creo que amerita la discusión del tipo el
huevo o la gallina, pero sí decir que el Primero de Mayo acá está totalmente
despolitizado y no es ni por casualidad ni por coincidencia.
Al otro día, el sábado 2 de mayo, fuimos
a la marcha oficial por el día de los trabajadores. Era una marcha que comenzó
en un parque, recorrió las calles y terminó en un teatro con arengas,
consignas, banderas y música. Lo que más me llamó la atención de esta marcha
fue la poca cantidad de gente que participó. Daba un poco de pena. Ahora, que
ya llevo un poco más de tiempo por estos lares, quizás para los parámetros
escoceses no estuvo mal, porque tampoco es tanta la población, y menos la que
participa activamente en este tipo de cosas. Pero bueno, de todas maneras me
llamó la atención lo cortita que era la fila de gente marchando con pancartas,
consignas y banderas, especialmente comparando con Chile.
También me llamó la atención que era
mayoritariamente “gente adulta”, por decirlo de algún modo. No es que fueran
puros vejetes, pero sí eran muy pero muy pocos estudiantes. Siendo una ciudad
universitaria, con estudiantes para tirar a la chuña, llegaron realmente muy
pocos. Y lo otro que me llamó la atención fue la diversidad y especificidad de
demandas que se leían en los carteles de los marchantes. Había grupos para lo
que uno quisiera: unos por la defensa de los peces del mar del norte, otros en
contra del armamentismo nuclear, unos reivindicando el derecho a tampones y
toallas higiénicas sin impuestos, otros por un sueldo mínimo decente. El grupo
más numeroso de los marchantes era el de pro-palestinos, pero aun así no eran
tantas personas ni tampoco tan juveniles.
Sé que las comparaciones son odiosas y
aportan poco, pero supongo que es la costumbre por venir de un país que, de un
tiempo a esta parte, ha recuperado su derecho al reclamo en las calles la que
me hace ver las diferencias. Seguramente estas diferencias de los participantes,
en cantidad y grupo etario, tienen mucho que ver con las historias de cada uno
de los países. En Chile hay más jóvenes marchando que viejos, porque los viejos
quedaron con miedo después de 17 años de dictadura y nos lo transmitieron a los
que estamos entre medio, que ya no somos tan jóvenes pero tampoco somos (tan) viejos.
Acá tuvieron a la Thatcher que también hizo lo suyo. Además hay una señora con
corona y joyas a la que respetan y quieren mucho.
No es que en Chile haya más problemas
sociales que acá, pero me parece que allá sí hay más conciencia crítica y más
esperanza en el cambio de que tal vez-podría-ser posible a través de la
manifestación popular. Acá también hay reclamos, críticas y peticiones, pero las
formas de lucha son otras. Casi todos los días se ven grupos de dos o tres
juntando firmas en las calles por causas específicas, con megáfono y banderas
rojas, pero poca multitud desfilando por un futuro mejor.
Ayer, que era primero de mayo, por
fin nos encontramos con una multitud en una de las calles principales. No podía
ser una marcha, porque era demasiada gente pero también porque la gente estaba expectante
con sus celulares listos para grabar. Resultó que era una especie de carrera de
autos, o de motos, no sé. Un poquito decepcionante.
Pero, durante todo este fin de semana
largo, tuvo lugar un Festival de Cine y No-Congreso (Unconference) sobre
política radical, no en Edimburgo, pero en Glasgow, que es la ciudad de al
lado. Me pasé todo el sábado ahí con un par de amigos viendo películas y participando en discusiones críticas sobre cómo cambiar el mundo. Ya otro día escribiré de eso, de las
películas, festivales y otros que hemos visto por aquí.
Bueno, para terminar les cuento que
no supe si este año los anarquistas repitieron su actividad político-educativa o no (ojalá que sí),
pero la marcha de los trabajadores será el próximo fin de semana, ahí les
contaré qué tal. Y por mientras los dejo con esta canción de Amerindios que dice tanto en tan poquitos minutos.




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