lunes, 2 de mayo de 2016

Sobre el Primero de Mayo

Son muchas cosas sobre las que quisiera escribir, pero aprovechando la efeméride del día internacional de los trabajadores, ese será el tema de este escrito.

Vivir esta fecha en un país como Escocia es bastante raro. Sobre todo habiendo pasado casi todos los otros primeros de mayo en Chile. No es que Chile sea gran cosa ni que la revolución esté a la vuelta de la esquina, pero creo que en temas de marchas y reivindicaciones populares no tiene nada que envidiarle a ningún otro país. Tampoco es que yo me lo pasara en marchas y protestas, pero al menos iba a una cada cierto tiempo. Acá la cosa es bien diferente, y es algo que echo de menos de Chilito.

El primero de mayo es una fecha bien especial, porque no sólo se conmemora a los trabajadores del mundo, cosa que de una y otra manera nos toca a todos, o al menos a todos los que trabajamos. Sino que también, por ser una fecha histórica con un carácter internacional, una cree que es algo que ocurre igual en todo el mundo. Aunque todo el mundo es mucho decir, porque el mundo es grande, bien diverso y cambiante, pero al menos una creería que como la conmemoración se debe a una masacre a un grupo de trabajadores estadounidenses, debiera ser cosa conocida en el mundo anglosajón. Pero fíjense que no.

Resulta que el año pasado fue nuestro primer Primero de Mayo en tierras anglosajonas, en Edimburgo específicamente. Estábamos recién llegados, no conocíamos mucho cómo era la vida acá, ni tampoco cómo eran las manifestaciones y reivindicaciones populares, ni tampoco frente a qué cosas se hacían marchas o protestas, y a cuáles no. Nuestro primer encuentro con el Primero de Mayo fue bien particular.

Lo primero fue enterarnos que aquí en vez de Workers’ Day, que sería la traducción literal al Día de los Trabajadores, se llama May Day (día de mayo), y que en vez de ser feriado el primero de mayo (que en esa ocasión caía viernes), era feriado el lunes siguiente, que era 4. No había marcha oficial citada por nadie para el mismo primero, sino que una para el día 2, que era sábado. Además esa marcha no estaba muy bien anunciada, nos enteramos solamente porque una amiga chilena que veníamos recién conociendo, nos invitó. Bueno, también puede ser que porque no conocíamos las redes por donde informarnos de estas cosas. En esta ciudad no se pegan carteles en las paredes, ni anuncios de casi ninguna cosa en la vía pública, así que son otras las redes por donde hay que enterarse de estas cosas.

Pero sí nos encontramos con un afiche bien particular, pegado marginalmente en pleno North Brigde, que invitaba a una manifestación por el Día de los Trabajadores en el centro histórico de la ciudad para el mismo primero de mayo. Y entre nuestro entusiasmo por querer participar en alguna manifestación, y también por querer conocer más sobre esta ciudad y su cultura, nos dejamos caer en la manifestación congregada por un grupo de anarquistas ebimburgueses.

Estaba muy bien pensado porque era realmente en pleno centro, que además como era fin de semana largo (recuerden que era feriado el lunes) estaba lleno de turistas también. Sin embargo la manifestación era bien particular. Nosotros quedamos impactados, y aunque ya haya pasado un año, quiero compartir esto con ustedes, queridos lectores.

La cosa consistía en repartir volantes informativos acerca de qué es lo que se conmemoraba el primero de mayo: el día internacional de los trabajadores. Entregaban los volantes y hablaban con quienes los recibían, instruyéndolos acerca de porqué este día se conmemoraba a los trabajadores y no otra cosa. Recuerdo haber visto a uno de los anarquistas contándole a una familia de turistas de Estados Unidos, que paseaban lo más campantes por Edimburgo, sin tener idea por qué rayos era feriado. No sé quién se impactó más, si ellos al enterarse de los hechos, o yo al darme cuenta que ellos –y muchos otros– no tenían idea.

Pero de lo que sí tenían idea los turistas era la fiesta de Beltane, que es una conmemoración de origen gaélica que celebra la llegada del verano. En Edimburgo la celebran con una recreación con danzas y fuego en un cerro-parque público, el Calton Hill, a la que hay que pagar entrada y realmente se requetellena. No he ido a esa fiesta porque el que sea pagada me quita altiro las ganas de ir, sobre todo porque cuando estas cosas se hacen turísticas, se me viene a la cabeza el concepto de autenticidad y todo se me va a las pailas. Bueno, por ahora, no haré más comentarios sobre ello para no salirme del tema que nos convoca.

Pero sí quiero decir que esta fiesta ancestral coincide con la celebración del Día de los Trabajadores, y aquí se han aprovechado de esta coincidencia para despolitizar el Primero de Mayo. Hay varias hipótesis rondando, unos que defienden el sincretismo, otros que critican que estas celebraciones coincidan y así. No voy a ahondar en ello, porque no es de eso que quiero hablar, y tampoco creo que amerita la discusión del tipo el huevo o la gallina, pero sí decir que el Primero de Mayo acá está totalmente despolitizado y no es ni por casualidad ni por coincidencia.  

Al otro día, el sábado 2 de mayo, fuimos a la marcha oficial por el día de los trabajadores. Era una marcha que comenzó en un parque, recorrió las calles y terminó en un teatro con arengas, consignas, banderas y música. Lo que más me llamó la atención de esta marcha fue la poca cantidad de gente que participó. Daba un poco de pena. Ahora, que ya llevo un poco más de tiempo por estos lares, quizás para los parámetros escoceses no estuvo mal, porque tampoco es tanta la población, y menos la que participa activamente en este tipo de cosas. Pero bueno, de todas maneras me llamó la atención lo cortita que era la fila de gente marchando con pancartas, consignas y banderas, especialmente comparando con Chile.

También me llamó la atención que era mayoritariamente “gente adulta”, por decirlo de algún modo. No es que fueran puros vejetes, pero sí eran muy pero muy pocos estudiantes. Siendo una ciudad universitaria, con estudiantes para tirar a la chuña, llegaron realmente muy pocos. Y lo otro que me llamó la atención fue la diversidad y especificidad de demandas que se leían en los carteles de los marchantes. Había grupos para lo que uno quisiera: unos por la defensa de los peces del mar del norte, otros en contra del armamentismo nuclear, unos reivindicando el derecho a tampones y toallas higiénicas sin impuestos, otros por un sueldo mínimo decente. El grupo más numeroso de los marchantes era el de pro-palestinos, pero aun así no eran tantas personas ni tampoco tan juveniles.

Sé que las comparaciones son odiosas y aportan poco, pero supongo que es la costumbre por venir de un país que, de un tiempo a esta parte, ha recuperado su derecho al reclamo en las calles la que me hace ver las diferencias. Seguramente estas diferencias de los participantes, en cantidad y grupo etario, tienen mucho que ver con las historias de cada uno de los países. En Chile hay más jóvenes marchando que viejos, porque los viejos quedaron con miedo después de 17 años de dictadura y nos lo transmitieron a los que estamos entre medio, que ya no somos tan jóvenes pero tampoco somos (tan) viejos. Acá tuvieron a la Thatcher que también hizo lo suyo. Además hay una señora con corona y joyas a la que respetan y quieren mucho.

No es que en Chile haya más problemas sociales que acá, pero me parece que allá sí hay más conciencia crítica y más esperanza en el cambio de que tal vez-podría-ser posible a través de la manifestación popular. Acá también hay reclamos, críticas y peticiones, pero las formas de lucha son otras. Casi todos los días se ven grupos de dos o tres juntando firmas en las calles por causas específicas, con megáfono y banderas rojas, pero poca multitud desfilando por un futuro mejor.

Ayer, que era primero de mayo, por fin nos encontramos con una multitud en una de las calles principales. No podía ser una marcha, porque era demasiada gente pero también porque la gente estaba expectante con sus celulares listos para grabar. Resultó que era una especie de carrera de autos, o de motos, no sé. Un poquito decepcionante.

Pero, durante todo este fin de semana largo, tuvo lugar un Festival de Cine y No-Congreso (Unconference) sobre política radical, no en Edimburgo, pero en Glasgow, que es la ciudad de al lado. Me pasé todo el sábado ahí con un par de amigos viendo películas y participando en discusiones críticas sobre cómo cambiar el mundo. Ya otro día escribiré de eso, de las películas, festivales y otros que hemos visto por aquí.


Bueno, para terminar les cuento que no supe si este año los anarquistas repitieron su actividad político-educativa o no (ojalá que sí), pero la marcha de los trabajadores será el próximo fin de semana, ahí les contaré qué tal. Y por mientras los dejo con esta canción de Amerindios que dice tanto en tan poquitos minutos. 


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