viernes, 13 de mayo de 2016

Pocos pero locos

Para continuar con el relato anterior, les cuento que el sábado 7 fuimos a la marcha del día Internacional de los Trabajadores, que aunque es el primero de mayo, ya sabemos que se hace el sábado siguiente. Era poca gente, tal como lo previmos, pero lo bueno es que como era fin de semana largo, habían muchos turistas que presenciaron el inicio de la marcha, y recibieron los folletos afiebrados y convocantes a otras actividades proletarias.

Proletario pero elegante volante
La marcha comenzaba en pleno centro de la ciudad, en una de las calles más turísticas de Edimburgo. Era encabezada por un grupo de gaitas, que a los ojos de los muchos turistas que por ahí andaban, se veía muy atractivo. Se acercaban a sacarles foto, grabarles videos, y de paso les tocaba recibir los volantes proletarios. Digo proletarios, porque se referían a movimientos de trabajadores, pero en realidad estaban impresos a todo color en papel couché. Los estándares son otros por estos lares.

Las gaitas que encabezaban la marcha
Eran varios grupos los que marchaban, pero todos con poquitos integrantes. También la mayoría eran personas mayorcitas, con algunas excepciones. Pero claro, aunque haya gente joven en la marcha, son personas individuales, no colectivos representados por la juventud, como podría ser un grupo de estudiantes. Esta ve los estudiantes también brillaban por su ausencia y los viejos eran los que sacaban la cara.

Como este tema me abrumaba, les comenté a mis nuevos amigos de la tercera edad con los que marché. Me dijeron que en realidad los estudiantes están más preocupados de los exámenes que de otra cosa, y que también hay mucho miedo instalado en la sociedad, especialmente post-Thatcher. Aunque es perfectamente posible hacer marchas y protestas, a estudiantes y trabajadores les da miedo participar y que al lunes siguiente se encuentren con problemas en sus lugares de estudio o trabajo, como que la sorpresa de que los hayan echado, por otros motivos, pero coincidentemente. Entonces, los que van al frente son los viejos, los jubilados, porque no tienen nada que perder. Pero no son tan viejos como lo que pensamos en Chile cuando hablamos de jubilados, porque las personas dejan de trabajar cuando ya el cuerpo no les acompaña y se jubilan. Aquí como hay una jubilación más o menos decente, que les permite vivir sin tener que seguir trabajando, las personas se jubilan a la edad que corresponde y no cuando ya no dan más. Entonces, cuando digo jubilados, me refiero a personas de más de 60 años que están en perfectas condiciones para trabajar, pero no trabajan, porque no lo necesitan. Esas con las personas que lideran las marchas, de pelo blanco, con megáfono y enfrentan a la policía. Y no lo digo yo, me lo dijo uno de estos señores de pelo blanco de la marcha.

Polícias, cabezas canosas y gaitas marchantes
Aquí no hubo enfrentamientos con la policía, porque esta marcha era tranquila, bien tranquila. En realidad no pasaba nada. Era caminar por las calles donde se trazó la ruta previamente autorizada, con banderas, pancartas y banderas. Algunos iban cantando, otros no, algunos gritando consignas con un megáfono, otros simplemente conversando con sus compañeros. Habían policías acompañando la marcha, principalmente controlando que mantuviéramos la fila. Considerando lo tranquila que es esta ciudad, éste debe haber sido uno de los días más estresantes para estos policías. A lo mejor mandaron a los castigados a trabajar a la marcha el día sábado.


Además de policías había paramédicos, también caminando al borde de la marcha. Eso sí que me pareció una exageración. ¿Qué podía pasar? A lo más a uno de los tatitas le daba un bochorno con tanta caminata. Pero claro, en estas cosas el primer mundo siempre se pone a la defensiva, y mejor que el paramédico camine junto a la marcha, aunque no pase nada nunca jamás, a que una vez ocurra algo que requiera atención médica y no haya nadie que atienda.

Pensaba en Chile y sus marchas. De partida este primero de mayo en Santiago no hubo una, sino que dos marchas, convocadas por grupos contrapuestos entre sí. Las dos masivas, y como (casi) siempre, los pacos no controlando sino que provocando. Y aunque todos sabemos que las marchas, por el motivo que sea, generalmente terminan mal, con violencia, ataques personales y accidentes, sería absurdo pedir que vayan paramédicos acompañando la marcha.


Pensaba también en lo poco convocantes que son estas actividades acá, que en general llega poca gente. Pero pese a eso, me dio la impresión que eso no es un impedimento para que las cosas se hagan. Por ejemplo, aunque sean pocos, se juntan periódicamente, a organizarse, a trabajar, a resolver. La mentalidad gringa es más práctica, se enrollan menos y resuelven. Si hay un problema, convocan, y aunque lleguen diez pelagatos, se organizan y generalmente logran soluciones concretas.
Me preguntaba qué pasa al respecto en Chile. Las marchas son masivas, todos reclamamos en voz alta, nos quejamos, especialmente por redes sociales, pero cuando llega el momento de juntarse y hacer, ¿cuántos llegan? Son otras formas de lucha, otros modos de protestar, otras maneras de criticar y resolver.

No quiero hacer comparaciones que no tienen sentido, porque son realidades y condiciones sociales muy distintas. Tampoco quiero hacer una apología a nuestra forma de protestar (que para mi gusto es mucho más entretenida que la que tienen acá), y menos aún dar lecciones de si es mejor aquí, allá o acullá. Pero sí creo que estas experiencias nos invitar a aprender, y si no tomamos esas invitaciones de poco sirven los viajes. La mentalidad gringa tiene su lado bueno, la practicidad consigue más cosas que el enrollamiento y la discusión eterna. O al menos las consigue más rápido. Nosotros nos choreamos si llegan pocos, pensamos altiro que en eso como un fracaso. Pero a lo mejor esos “pocos pero locos” podemos cambiar las cosas, si nos ponemos de acuerdo, nos aplicamos y le damos. 

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