Para continuar
con el relato anterior, les cuento que el sábado 7 fuimos a la marcha del día
Internacional de los Trabajadores, que aunque es el primero de mayo, ya sabemos
que se hace el sábado siguiente. Era poca gente, tal como lo previmos, pero lo
bueno es que como era fin de semana largo, habían muchos turistas que
presenciaron el inicio de la marcha, y recibieron los folletos afiebrados y
convocantes a otras actividades proletarias.
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| Proletario pero elegante volante |
La marcha comenzaba
en pleno centro de la ciudad, en una de las calles más turísticas de Edimburgo.
Era encabezada por un grupo de gaitas, que a los ojos de los muchos turistas que
por ahí andaban, se veía muy atractivo. Se acercaban a sacarles foto, grabarles
videos, y de paso les tocaba recibir los volantes proletarios. Digo proletarios,
porque se referían a movimientos de trabajadores, pero en realidad estaban
impresos a todo color en papel couché. Los estándares son otros por estos
lares.
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| Las gaitas que encabezaban la marcha |
Eran varios
grupos los que marchaban, pero todos con poquitos integrantes. También la
mayoría eran personas mayorcitas, con algunas excepciones. Pero claro, aunque
haya gente joven en la marcha, son personas individuales, no colectivos
representados por la juventud, como podría ser un grupo de estudiantes. Esta ve
los estudiantes también brillaban por su ausencia y los viejos eran los que
sacaban la cara.
Como este tema me
abrumaba, les comenté a mis nuevos amigos de la tercera edad con los que
marché. Me dijeron que en realidad los estudiantes están más preocupados de los
exámenes que de otra cosa, y que también hay mucho miedo instalado en la
sociedad, especialmente post-Thatcher. Aunque es perfectamente posible hacer
marchas y protestas, a estudiantes y trabajadores les da miedo participar y que
al lunes siguiente se encuentren con problemas en sus lugares de estudio o
trabajo, como que la sorpresa de que los hayan echado, por otros motivos, pero
coincidentemente. Entonces, los que van al frente son los viejos, los
jubilados, porque no tienen nada que perder. Pero no son tan viejos como lo que
pensamos en Chile cuando hablamos de jubilados, porque las personas dejan de
trabajar cuando ya el cuerpo no les acompaña y se jubilan. Aquí como hay una
jubilación más o menos decente, que les permite vivir sin tener que seguir trabajando,
las personas se jubilan a la edad que corresponde y no cuando ya no dan más. Entonces,
cuando digo jubilados, me refiero a personas de más de 60 años que están en
perfectas condiciones para trabajar, pero no trabajan, porque no lo necesitan. Esas
con las personas que lideran las marchas, de pelo blanco, con megáfono y
enfrentan a la policía. Y no lo digo yo, me lo dijo uno de estos señores de
pelo blanco de la marcha.
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| Polícias, cabezas canosas y gaitas marchantes |
Aquí no hubo
enfrentamientos con la policía, porque esta marcha era tranquila, bien
tranquila. En realidad no pasaba nada. Era caminar por las calles donde se
trazó la ruta previamente autorizada, con banderas, pancartas y banderas. Algunos
iban cantando, otros no, algunos gritando consignas con un megáfono, otros
simplemente conversando con sus compañeros. Habían policías acompañando la
marcha, principalmente controlando que mantuviéramos la fila. Considerando lo
tranquila que es esta ciudad, éste debe haber sido uno de los días más
estresantes para estos policías. A lo mejor mandaron a los castigados a trabajar
a la marcha el día sábado.
Además de policías
había paramédicos, también caminando al borde de la marcha. Eso sí que me pareció
una exageración. ¿Qué podía pasar? A lo más a uno de los tatitas le daba un
bochorno con tanta caminata. Pero claro, en estas cosas el primer mundo siempre
se pone a la defensiva, y mejor que el paramédico camine junto a la marcha, aunque
no pase nada nunca jamás, a que una vez ocurra algo que requiera atención
médica y no haya nadie que atienda.
Pensaba en Chile
y sus marchas. De partida este primero de mayo en Santiago no hubo una, sino
que dos marchas, convocadas por grupos contrapuestos entre sí. Las dos masivas,
y como (casi) siempre, los pacos no controlando sino que provocando. Y aunque todos
sabemos que las marchas, por el motivo que sea, generalmente terminan mal, con
violencia, ataques personales y accidentes, sería absurdo pedir que vayan paramédicos
acompañando la marcha.
Pensaba también
en lo poco convocantes que son estas actividades acá, que en general llega poca
gente. Pero pese a eso, me dio la impresión que eso no es un impedimento para
que las cosas se hagan. Por ejemplo, aunque sean pocos, se juntan periódicamente,
a organizarse, a trabajar, a resolver. La mentalidad gringa es más práctica, se
enrollan menos y resuelven. Si hay un problema, convocan, y aunque lleguen diez
pelagatos, se organizan y generalmente logran soluciones concretas.
Me preguntaba qué
pasa al respecto en Chile. Las marchas son masivas, todos reclamamos en voz
alta, nos quejamos, especialmente por redes sociales, pero cuando llega el
momento de juntarse y hacer, ¿cuántos llegan? Son otras formas de lucha, otros
modos de protestar, otras maneras de criticar y resolver.
No quiero hacer
comparaciones que no tienen sentido, porque son realidades y condiciones sociales
muy distintas. Tampoco quiero hacer una apología a nuestra forma de protestar
(que para mi gusto es mucho más entretenida que la que tienen acá), y menos aún
dar lecciones de si es mejor aquí, allá o acullá. Pero sí creo que estas
experiencias nos invitar a aprender, y si no tomamos esas invitaciones de poco sirven
los viajes. La mentalidad gringa tiene su lado bueno, la practicidad consigue
más cosas que el enrollamiento y la discusión eterna. O al menos las consigue
más rápido. Nosotros nos choreamos si llegan pocos, pensamos altiro que en eso
como un fracaso. Pero a lo mejor esos “pocos pero locos” podemos cambiar las
cosas, si nos ponemos de acuerdo, nos aplicamos y le damos.




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