sábado, 11 de julio de 2015

Reflexiones sobre las alfombras

Sé que el título suena muy poco interesante, especialmente para los que no sabemos mucho de diseño y menos de alfombras. Pero como este blog está hecho para darle rienda suelta a los pensamientos sobre la inmortalidad del cangrejo y otros temas, más que de alfombras quiero escribir sobre algunos descubrimientos que hemos tenido en este lado del mundo, y también sobre la idea de la no universalidad de los gustos y costumbres.

Cuando llegamos a vivir aquí, la misión número uno era encontrar un lugar definitivo para quedarnos. Buscamos y buscamos departamentos de distintos tipos, distintos portes, en distintos pisos, de distintos precios, en distintos barrios, unos amoblados, otros no, unos con alfombra otros, no. Sumando y restando, optamos por el primero que vimos. No es que no hayamos visto más, pero después de ver varios, justamente fue el primero que vimos el que más nos gustó. Nos gustaba todo menos la alfombra. Ya el solo hecho de que tuviera alfombra para una persona como yo, que sufre de alergias respiratorias no sólo en primavera y por tanto tiene pánico a todo lo que produzca ácaros, era un punto en contra para el flamante y nuevo departamento que nos esperaba.

Bueno, dije, si es lo único malo, no importa. Y tampoco es tan malo, porque la alfombra ayudará que sea más calentito el departamento, en un país donde hace más frío que calor, es un consuelo importante. Evitaremos los ácaros pasando la aspiradora regularmente, actividad muy poco agradable. Sin embargo, cuando descubrimos la aspiradora que tenemos acá (que claro, tenemos pero no es nuestra, sino que es parte del arriendo del departamento amoblado) los ácaros y las alergias no han sido mayor problema, porque la aspiradora es fabulosa. En realidad es el Martín el que pasa la aspiradora, pero sólo porque nos repartimos aleatoriamente las tareas del hogar y no porque yo no quiera pasarla. No tiene nada que ver con las aspiradoras que conocíamos, ni Daewoo, ni Black and Decker ni Thomas, ni nada de esas cosas pequeñas con las que se termina con dolor de espalda después de aspirar. Esta cuestión es elegante, de partida es alta, como los antiguos “chanchos”, no hay que agacharse ni hacer acrobacia alguna para aspirar. Además el lugar donde se almacena la mugre es transparente, entonces se ve todo lo que se está aspirando. Cuando se llena de mugre, se saca el filtro que tiene y se lava con agua. La mugre ni se siente. O sea, muy top.

Pero bueno, volviendo al tema de la alfombra del departamento, no era solo que tuviera o no, sino que la alfombra que tenía era y sigue siendo horrible: azul con naranjo, en un diseño de cuadritos que cuando se juntan forman unos puntos. Bueno, tanto he dicho que la alfombra es fea, que cuando han venido visitas, han dicho que no lo es tanto, que estoy exagerando. No sé si me lo dicen para subirme él ánimo o porque tal vez no es tan fea, o que su fealdad no se nota tanto considerando el todo del departamento (que es bien bonito, por lo demás).


Una de estas visitas fueron unos amigos que viven por estos lares también, pero más al sur. No sólo dijeron que nuestra alfombra no es tan fea, sino que hicieron el ejercicio de mostrar una situación peor para que la de una no parezca tan grave (o como dice el dicho, “mal de muchos consuelo de tontos y orgullo de necios”). El consuelo fue que la alfombra de donde vivían ellos (por suerte ya se cambiaron) parecía un animal muerto. Y era tanto así, que era tema entre cada habitante de ese hogar. Se habían encontrado hace un tiempo con una persona mayor que había vivido hace muchos años ahí y les preguntó si aún existía aquella alfombra, y ellos quedaron impactados tanto por lo vieja de la alfombra, como por darse cuenta que no eran los únicos preocupados de esa alfombra que parecía que había tenido vida alguna vez.

Más allá de las intenciones de nuestros amigos y su alfombra, lo importante es que a raíz de esto nos pusimos a hablar sobre el uso y la importancia que se les da aquí a las alfombras. Después de esa conversación, he puesto más atención en ellas y me he fijado en varias cosas en las que antes no había reparado: ¡hay alfombras en todos lados! Las salas de la universidad son alfombradas; los pasillos, entradas y espacios comunes de los edificios de oficina son alfombrados; las oficinas mismas también tienen alfombra; hay baños en restoranes, bares e incluso en casas que son alfombrados. Sí, una vez nos alojamos en la casa de una familia en Liverpool, y el baño era alfombrado de pared a pared, con la tina, la ducha, el lavamanos y el WC entre medio. Un lujo, claro, pero ¿cómo se limpia eso?, ¿cómo se mantiene seco?

El otro día en vez de tomar el ascensor, me fui por la escalera de emergencia, y ¡cada peldaño tenía alfombra! Esa fue mi motivación última para este escrito. Me llama la atención el fanatismo de los british por las alfombras, ¿por qué será que les gustan tanto?

Las hay de todo tipo, bonitas, feas (como la de nuestro departamento), de un solo color, de varios, de colores, de pared a pared, otras chicas, algunas que parecen un animal muerto (como la de nuestros amigos), otras que pasan más desapercibidas. Incluso cubren los asientos del bus, del tranvía y del tren con alfombra. Hasta los bordes de las pantallas que indican las paradas de los buses también son de alfombra. En los casos de la alfombra en el transporte público aquí son mayoritariamente de diseño escocés y no de un diseño cualquiera.

No es que odie las alfombras, de hecho ya me causan gracia, pero es importante mencionar que no por nada en distintos países han sido reemplazadas poco a poco por pisos de madera o imitación de. Más allá de que me gusten o no las alfombras, evitarlas son parte de la última recomendación médica que se me hizo producto de mis alergias. Pero a estas alturas, no me voy a andar regodeando si hay alfombra o no, menos aun cuando estoy viviendo en un lugar de fanáticos por las alfombras.

Ahora cuando veo un lugar alfombrado me alegro un poco, sobre todo cuando ese lugar no es un lugar íntimo o de poca circulación, como una casa o un departamento, sino que por ejemplo, la escalera de emergencia o el baño de un bar. Incluso podría pensar que es un acto de despilfarro y de generosidad a la vez, pagando muy caro la instalación, mantención y limpieza de una alfombra en un lugar muy circulado y expuesto (como una escalera de emergencia o un baño de un bar) pero también ofreciéndole a los transeúntes poder usar esos lugares sin zapatos sin pasar frío. Ahora viene la pregunta ¿cuándo pasaría uno por una escalera de emergencia sin zapatos?, ¿o tenga que usar el baño de un bar a pata pelá? Bueno, nunca se sabe. Mejor tener la tranquilidad de que una podrá caminar sin zapatos por lugares tan insólitos como escaleras de emergencia, baño, pasillo, sala de clases, y un gran etcétera por descubrir.

Incluso a esta altura ya le tengo cariño a la alfombra de nuestro departamento. Ya me da pena decirle que es fea aunque tenga azul, naranjo, cuadritos y puntos. De hecho, ya la queremos y la cuidamos mucho. Bueno, el cuidado no es por la alfombra propiamente tal sino que por el compromiso con el dueño del departamento y las garantías de por medio. Pero la cosa es que la cuidamos, la aspiramos y la pisamos solamente sin zapatos.

Eso nos lleva inmediatamente al tema de las costumbres de sacarse los zapatos adentro de las casas, algo que en mi casa jamás había hecho, y algo muy raro en Chile por lo demás. Casi nadie allá anda sin zapatos en su casa, ni menos en la casa de otros (a ver cómo les va si le piden a una visita que se saque los zapatos). Hay todo un tema de complicación e intimidad que produce sacarse los zapatos, sobre todo frente a otros. Que si justo ese día uno se puso los calcetines al revés, o anda con calcetines que no son del mismo par, o un calcetín tiene una papa vergonzosa, o si simplemente huelen mal las patas. Los únicos chilenos que conozco que se sacan los zapatos antes de entrar a la casa son mis amigos Pancho y Cami, que adquirieron esa costumbre después de pasar un buen tiempo en Canadá (el país).

Esta costumbre, bien nórdica al parecer, la instalamos rápidamente en nuestro hogar de aquí para cuidar la alfombra, no por los zapatos en sí mismos sino que porque como llueve tanto, los zapatos se llenan de barro y etcéteras que más vale no pegárselos a la alfombra. No es que nos las demos de nórdicos ni que decidamos adoptar sus costumbres, sino que fue algo que se dio más bien, como dice el Chavo, sin querer queriendo. Así que ahora no sólo tenemos alfombra, sino que en la entrada de la casa nuestros zapatos esperan en filita a que los usemos para salir. Y como nos pasamos más tiempo en la casa que en otro lado, al final de cuentas andamos más sin zapatos que con ellos. Y todo porque a los british les gustan mucho las alfombras.

En otro momento, indagaremos sobre los orígenes del gusto por las alfombras. ¿Tendrá algo que ver la monarquía y sus excentricidades? Bueno, eso lo dejamos para una próxima escritura en serpendipia. 

4 comentarios :

Talita dijo...

¿Y a dónde se van los comentarios? Esto será un misterio interesante para desentrañar

Talita dijo...

Hice uno antes, pero se lo robaron. Era sobre la alegría de leerles en formato de crónica. Entrete. Y era un comentario muy sentimental y todo. Malditos ingleses. Ellos deben haber sidolos ladrones. En fin, me gusta tu escritura. Un abrazo.
PS: Pucha que es antigua la foto, me veo terrible de joven :D

Martin dijo...

Compañera, hemos tratado de arreglarlo pero no hay caso. Una opción es publicar como anónimo y la otra usar la barrita de comentarios de facebook que agregamos :) Que bueno que te haya gustado leerlos. Un abrazo grande!

Eileen dijo...

Gracias Natalia! se nos perdieron muchos comentarios pero ya lo arreglamos (bueno, el Martín lo arregló) así que no debieran seguirse perdiendo. Y sí, malditos ingleses! por eso nos vinimos más al norte, donde no somos los únicos que les podemos decir así jeje. Abrazos!

Publicar un comentario